Seguramente has escuchado frases como “Que se acabe este año” o “En la cronología haremos un salto del 2019 al 2021” o esta última que vi
recientemente “Recuerden el 31 de diciembre decir Jumangi: juego terminado”.

Es evidente que el 2020 ha sido complejo y en muchos casos doloroso por las pérdidas de seres queridos. Nos ha impactado lo inédito y sobre todo la incertidumbre que ha dejado a su paso. Los seres humanos necesitamos sentir que tenemos el control, y es justo de lo que hemos carecido.

Tratar de obviar el 2020 es tan imposible como injusto. Pasaron grandes cosas. Hubo gente que dio su vida por sanar a otros, héroes sin capas,
ángeles sin alas que estuvieron al frente, no solo en el área sanitaria, sino en muchas otras esenciales para el resto de nosotros… gracias a ellos y
por ellos debemos recordar el 2020.

En las vísperas de un nuevo año, siempre hacemos un balance de lo positivo o no tanto, que pasó en nuestras vidas. La idea y esencia de este escrito es invitarte a contestar estas preguntas, en un espacio contigo misma. Hazlo como te apetezca, escrito a mano, en
el ordenador, en el móvil…

  • ¿Qué hice por otros durante este tiempo de pandemia?, ¿Cómo me sentí?, o por el contrario ¿Qué ayuda o apoyo recibí y cómo lo agradecí?
  • ¿Con quiénes, amigos o familia, llevaba tiempo sin hablar y los encuentros virtuales, hicieron que retomara esa relación?
  • ¿Qué maravillosos recuerdos tuve, cuando “por fin” revisé cajones y armarios para hacer esa limpieza que tenía pendiente?
  • ¿Qué fortaleza o habilidad descubrí en mí, que jamás me imaginé que tenía?
  • ¿Cuán resiliente me di cuenta que era?
  • ¿Qué libros deseaba leer y tuve la oportunidad de hacerlo?
  • ¿El compartir durante tanto tiempo con la familia, qué me reveló, en qué crecimos, qué cambios ahora forman parte de nuestra convivencia en el hogar?
  • ¿Qué proyecto o idea que tenía en un cajón, le sacudí el polvo y empecé a darle forma?
  • ¿Qué conocimientos y habilidades nuevas ahora forman parte de mí?
  • ¿Qué platos aprendí a cocinar?
  • ¿A qué le doy valor ahora?, ¿Cómo cambió mi sistema de creencias y valores?
  • ¿Qué aprendí de mis emociones?
  • ¿Qué pequeñas cosas, me hicieron feliz y agradecí de manera especial?
  • ¿Cuál ha sido mi transformación durante este año, qué cambio en mí, cuál es mi legado?

 

Sin duda, una vez reflexionadas y respondidas estas preguntas, la balanza no está tan inclinada hacia un solo lado… ¿a qué está más equilibrada de lo
que pensabas?

En estas fechas, fortalecidas con todo lo que hemos vivido, con seguridad regresaremos a la verdadera esencia de la Navidad… más sencillez, más compasión, más gratitud.

 

3 Comentarios. Dejar nuevo

Excelente. Es un enfoque propicio y necesario.

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Irma del Carmen Guzman de Elvers
21 diciembre, 2020 8:32 pm

Mi fortaleza de poder adaptarme a las nuevas situaciones una vez más me ha favorecido. Ha estado a mi lado para digerir todas estas nuevas situaciones. La familia ha permanecido unida. Y nuevas amigas con don de empatía he conocido. Si bien es cierto que tenemos limitado nuestra exposiciones físicas de cariño ha surgido otra,la de mejor comprensión y mejor lenguaje con nuestro semejantes.Dar lo mejor de nosotros debería seguir siendo nuestro mejor objetivo.

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